martes, 25 de noviembre de 2014

Hablando de El Principito

                Hola, después de una  breve ausencia, hoy quiero hablarles de una gigantesca obra del arte literario, El principito de Antoine de Saint-Exupéry, algunos lo han clasificado como un libro de lectura infantil, pero aunque su lectura es “obligada” (en los primeros años de estudios), y digo “obligada”, porque así es como muchos descubren la magia y lo fascinante que es la lectura,  en mi opinión, el texto puede comprenderse y apreciarse hasta que uno ya tiene la suficiente madurez.  Las metáforas sobre la vida, la amistad y la niñez en cada uno de sus capítulos nos hace remontarnos a esa época en la que quisiéramos ser niños de nuevo para ver la vida como el Principito.

                Este libro nos hace  analizar la forma en la que vemos las cosas conforme uno crece y se vuelve adulto, ¿por qué nuestra perspectiva de las cosas cambian?, sin querer  las advertimos simples y limitadas, como el hecho de ver en un dibujo sólo un sombrero y no una serpiente tragando un elefante, ¿recuerdan?  Y es que desde niños nos dicen que debemos interesarnos más por cuestiones como la geografía, la historia, el cálculo y la gramática,  ya que de los dibujos  o la pintura no vamos a vivir, y es así como comienza el conflicto entre la niñez y la adultez, abandonando nuestros sueños de niños.

                Cuando El principito comienza su viaje a los planetas va descubriendo cosas que no puede entender, dada su condición de niño, aquellos vicios que se encuentra en cada lugar que visita, empezando con el rey soberbio (que no tenía a quien gobernar), representa el deseo de los hombres por el poder; el vanidoso, sentía el deseo de ser admirado por todos; el bebedor quien paradójicamente bebía por su vergüenza de beber; el hombre de negocios (se sentía dueño de las estrellas); el farolero de quien el principito pensaba:
"Posiblemente este hombre es absurdo. Sin embargo es menos absurdo que el rey, que el vanidoso, que el hombre de negocios y que el bebedor. Al menos, su trabajo tiene un sentido. Cuando enciende su farol, es como si hiciera nacer una estrella más, o una flor. Cuando apaga su farol, se duermen la flor o la estrella. Es una ocupación muy linda. Es verdaderamente útil porque es linda."
                Y en este sentido podremos reflexionar en cuál de los personajes nos podemos identificar, ¿Somos como el rey, el vanidoso, el bebedor o el farolero?
                El último planeta en visitar es La Tierra, y es aquí donde el libro se torna más reflexivo y con mayor sentimiento, ya que El Principito descubre situaciones que lo hacen sentirse muy triste, representando la pérdida del idealismo infantil:
“Me creía rico con una flor única, y solo poseo una rosa corriente. Esto y mis tres volcanes, que me llegan a la rodilla, uno de los cuales quizá este apagado para siempre, realmente no me hacen un gran príncipe…”  Y tendido en la hierba lloró.

                Ulterior, aparece el personaje que represente la amistad y quien lo hace sentir más felíz, El Zorro, quien le dice que no puede jugar con él por no estar domesticado:
“¿Qué significa domesticar? pregunta el principito - Es crear lazos responde el zorro. Y estamos frente a un hábito olvidado en nuestros tiempos donde las relaciones humanas verdaderas casi ya no existen”      

Cada página, cada frase, es un aprendizaje y una reflexión de cómo somos y actuamos cuando llegamos a la adultez. Siendo una lectura ligera y corta, es un libro que podemos leer y releer y seguramente siempre habrá algo nuevo por aprender.
Les invito a leer El Principito si no lo han hecho o releerlo  si hace ya tiempo que lo hicieron, y transportarnos a ese niño que todos llevamos dentro.

                

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